MAQUIAVELO, ¿EL PRÍNCIPE DE LA POLÍTICA?

Por Oswaldo Rodríguez 

“Hay que partir del presupuesto de que los hombres son todos perversos, y que siempre que se les presente ocasión, harán so de la malignidad se su ánimo… los hombres no obran jamás al bien, a no ser por necesidad” (Maquiavelo, N. Los Discursos de la Primera Década de Tito Livio).

Hablar de Maquiavelo es, sin lugar a duda, hablar de un personaje lleno de mitos y tabúes, pero que, en todo el mundo, se ha posicionado como un emblema de la política. Su época, el Renacimiento, fue un lapso temporal que le permitió cambiar la forma de observar la política de una forma distinta, pues previo a su época, la política era vista, primero, desde un punto de vista católico y segundo, de los reyes hacia los pueblos, y jamás de los pueblos hacia la corona. 

Es esta hipótesis la que al final del día en su libro El Príncipe proclama, es decir, la urgencia de la existencia de un principado civil que permita a los ciudadanos poder acceder al poder. 

Dicen que, el maquiavelismo es previo a Maquiavelo, ¿la razón? La mayor parte de su pensamiento esta basando en la naturaleza del hombre, la cual, para él, en todo momento es malévola, y seguramente, habrá quienes coincidan con un pensamiento como el de Hume, Kant, Platón e incluso Aristóteles sobre la posibilidad de que el hombre sea totalmente bondadoso, aunque para efectos prácticos, para Maquiavelo, la política debería de ser apartada de todo pensamiento moralista, religioso o ético. 

¿El fin justifica los medios? Realmente, Maquiavelo nunca dijo esta frase, ha sido una de las malas traducciones que se han hecho a sus libros como El Príncipe, Los Discursos, o Breve Historia de Florencia, sin embargo, para él, quien por su propio esfuerzo pudo conquistar el éxito en la vida, se describía como: “ Yo nací pobre (lo cual era cierto, al ser un hijo de un padre que no pagaba impuestos) y aprendí a sufrir antes de gozar”.

Maquiavelo, sí fue el príncipe de la política, cambió la forma de verla, de ejercerla y de conquistarla, se atrevió a decir lo que nunca nadie decía de ella, como que debía de ser desapegada de todo valor religioso o moralista, pero también, que se debía de hacer todo lo posible para conquistar el poder, mantenerlo y heredarlo, describiendo la esencia de cada uno de sus integrantes y ejemplificando con los grandes políticos de la historia lo que se debía de hacer y no. Maquiavelo fue, es y seguirá siendo El Príncipe de la Política.

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